/ mayo 18, 2025/ Blog, Historias Personales
La Salsa y La Timba: Más Que Un Ritmo, Una Historia Viva
La salsa, mi baile preferido, es una mezcla de muchos ritmos: mambo, chachachá, son, rumba… Y en Cuba, evolucionó a lo conocido como «timba», donde los metales modernos conversan con los tambores ancestrales. Además de estos instrumentos, se añade la tradición y toda la herencia de Cuba: la manera de hablar, la manera de sentir la música, la mezcla de español y africano… La santería.
La salsa que me cautivó a mi en concreto no es la de los escenarios ni la de los shows. Es la de los sociales: esos espacios sin guion ni coreografía, donde los movimientos son respuestas intuitivas a la música y a la pareja. Es una salsa que no se mide por la perfección técnica, sino por la conexión: con la música, con el otro y con lo que cada paso significa.
Cuando el Baile Es Oración
En muchas culturas, la danza se ha considerado una forma de comunicación con lo divino, y en el caso de Cuba, este vínculo viene de la santería. Las figuras como los orishas, los espíritus y las energías ancestrales, juegan un papel significativo en los bailes, aunque a menudo no se habla abiertamente de ello.
En mi visita al Callejón de Hamel en La Habana (2019), me encontré con una celebración que casi era ritual en el que la danza no es una plegaria. La santería cubana enseña que los orishas, las deidades africanas, se comunican a través del cuerpo. Cada paso es una ofrenda: los rápidos de Shangó en los pies, los ondulantes de Yemayá en los brazos. Los tambores batá no solo marcan el ritmo, sino que invocan lo divino.
He aprendido algunos de estos pasos en clases, pero no los uso en la pista. No soy santera, y la salsa y la timba tienen un universo de pasos que no necesitan tocar lo sagrado. Desde la rumba hasta el dancehall pasando por el street dance, hay muchas maneras de expresarse sin faltar al respeto.
Cuando Lo Sagrado Se Vuelve Moda
Sin embargo, hay algo que me molesta profundamente. Ver a alguien hacer Elegguá en medio de una timba comercial es como ver un sacrilegio. Lo que para mí es un acto de respeto, para algunos es solo un movimiento más en la pista. No es lo mismo:
- El turista que repite pasos como si fueran un trend de TikTok.
- El alumno que, tras una clase, se cree cubano y decide hacer Oggún en medio de un mambo.
- El hijo de un santero que mueve los hombros con el peso de su linaje.
Los dos primeros lo hacen por moda, por superficialidad; el tercero lo hace por herencia, por respeto a su historia.
Bailar Con Respeto y Conexión
El verdadero baile, para mí, es el que se hace con respeto. Y el respeto en la timba, como en la vida, tiene algunas reglas no escritas:
- Escuchar antes de moverse: ¿Qué te pide la música? ¿Qué pide tu compañero?
- Dejar el ego atrás: La timba no es una competición, sino un diálogo.
- Honrar los ritmos: En la santería, cada toque tiene su momento. En la timba, cada ritmo tiene su tiempo.
En los sociales, lo importante no es la cantidad de pasos ni la complejidad técnica. Lo que cuenta es:
- La intención: ¿Bailas para conectar o para impresionar?
- El respeto: ¿Sabes de dónde vienen los pasos que haces? ¿Te has detenido a entenderlos?
- La alegría compartida: Esa que crea una conexión espontánea, desde el principiante hasta el más veterano.
Bailar Con Conciencia
Hoy, elijo calidad sobre cantidad. Prefiero menos pasos, pero más auténticos. Porque la salsa no es mía ni tuya: es de quienes la vivieron antes que nosotros, de quienes la mantuvieron viva.
Para mi, el mejor baile no es el que impresiona… sino el que transmite.
Además, como dicen los cubanos: «Si no sabes, ¿pá que te metes?
